El cineasta celebró los 20 años de la película y compartió los obstáculos que marcaron su realización
Guillermo del Toro volvió al Festival Internacional de Cine de Morelia para celebrar el 20 aniversario de “El laberinto del fauno”, una película que ocupa un lugar especial en su carrera, aunque también le recuerda uno de sus rodajes más complicados.
En el marco del reestreno, el director mexicano recibió la Medalla Filmoteca UNAM y el Premio a la trayectoria por su aportación al cine y su compromiso con la producción nacional. Lo acompañaron la actriz Ivana Baquero, el director de fotografía Guillermo Navarro y la productora Bertha Navarro.
“El laberinto del fauno” reúne a Guillermo del Toro y su equipo
Durante una entrevista, Del Toro recordó que la filmación estuvo marcada por dificultades económicas, problemas administrativos e incendios forestales en Guadalajara, España.
Las restricciones llegaron al punto de impedirles utilizar fuego y balas artificiales en una historia ambientada en la guerra.
A esto se sumaron jornadas que le permitían dormir apenas tres horas. Según relató, perdió 1 kg al día y terminó la película con el menor peso que había tenido en su vida adulta. Para él, fue la segunda producción más difícil de su carrera.
Sin embargo, algunas de esas limitaciones ayudaron a encontrar soluciones que terminaron favoreciendo la película.
Ante la prohibición de realizar explosiones, Guillermo Navarro y él recurrieron a luces que simulaban fuego, aire con lodo y vapor iluminado durante las escenas nocturnas. El resultado aportó una apariencia mágica que el director consideró mejor que la propuesta original.
Esa experiencia forma parte de su manera de entender el oficio: cada problema de una película exige encontrar una solución sencilla que funcione para la historia.
Al hablar del lugar que ocupa “El laberinto del fauno” en su trayectoria, explicó que su valoración depende tanto del resultado como de lo vivido durante el proceso.
Hacer una cinta supone dedicarle varios años y ausentarse de cumpleaños, reuniones familiares y otros momentos personales.
También mencionó su cariño por títulos como El espinazo del diablo, La forma del agua, Frankenstein, Titanes del Pacífico y La cumbre escarlata.

Sus criaturas y su cercanía con los fans
La conversación abordó además la creación de sus criaturas. Para Del Toro, el diseño debe conseguir que el público vea a un personaje con vida propia, sin quedarse únicamente en el maquillaje o en la idea que lo originó.
Como ejemplo, recordó al niño fantasma de El espinazo del diablo. Al verlo caminar en el set, sintió que todavía parecía un pequeño maquillado. Por eso decidió presentarlo poco a poco y filmar sus primeros pasos en reversa, un recurso que volvió extraños sus movimientos.
En cuanto a su cercanía con los seguidores, el realizador explicó que nace de su propia experiencia como admirador. Recordó la amabilidad de Forrest Ackerman, editor de Famous Monsters of Filmland, quien lo invitó a comer un pie de cereza con leche cuando se conocieron. Aquel encuentro dio paso a una amistad.
Asimismo, contó que su relación con los hermanos Ambriz, de Soy Frankelda, comenzó cuando ellos le escribieron como fans para conversar sobre efectos especiales.
Esa disposición también se reflejó durante su visita a Morelia. Aunque tenía una agenda ajustada y una clase magistral ante mil 200 personas en el Teatro Morelos, bajó la ventana de su camioneta para seguir atendiendo solicitudes de fotografías y autógrafos. Incluso pidió recomendaciones para encontrar el mejor helado de la ciudad.
Preocupación por las generaciones jóvenes
La celebración de los 20 años de “El laberinto del fauno” también abrió espacio para hablar del presente. Durante la presentación en la 24ª edición del FICM, Del Toro expresó entre lágrimas su preocupación por las generaciones jóvenes.
“Nunca pensé que se perdería lo que se había ganado en ese entonces como sociedad. Me duele ver que le fallaron a las generaciones que vienen”, dijo entre lágrimas.
Por su parte, Ivana Baquero recordó que interpretar a la protagonista cambió su relación con la actuación y definió su camino profesional.
“Gracias a esta película, la actuación dejó de ser un hobbie. Se volvió mi profesión. No estaría en donde estoy sin ella. Fue un parteaguas muy liberador trabajar con Memo, porque me dio alas para hacer lo que yo quería”.
Guillermo Navarro también repasó las decisiones que tomó el equipo durante una filmación llena de dificultades.
“Tomamos muchos riesgos sabiendo que podían no funcionar. Apostamos y ganamos”.
Finalmente, Bertha Navarro destacó la reflexión sobre la conducta humana que atraviesa las historias del director tapatío.
“En las películas de Guillermo, el verdadero monstruo siempre es el humano. Hay que preguntarnos cómo podemos convertirnos en monstruos, como el fascismo y lo que vemos hoy en las noticias. Es importante esa profundidad en sus películas.
